– por Sam Williamson

El servicio de liderazgo que presto en mi iglesia se siente infructuoso, mis últimos sermones apestaron. En las primeras 34 semanas de este año solamente publiqué 25 artículos “semanales”. Y todo mi servicio para una organización de caridad lo algo en el último minuto, siento que estoy cumpliendo con todo apenas a tiempo.

Últimamente paso menos tiempo del que quisiera con mi esposa; mi hermano (que vive en Australia) está de visita por dos meses y sólo me he juntado con él una vez; estoy teniendo mucho menos reuniones individuales para fortalecer mis relaciones; y además estoy atrasado con papeles, quehaceres de la casa y mis correos electrónicos.

Bilbo Baggins reflexionó una vez: “Me siento como mantequilla untada sobre demasiado pan”.

Mi corazón dice “¡Yo también!” Tengo mucho que hacer y muy poco tiempo para hacerlo. Mis actividades sufren de una atención inadecuada porque rápidamente paso a la siguiente cosa, que también haré pobremente pues algo más (o alguien más) reclamará mi atención. Esta mañana leí esta antigua cita:

Dios creó al mundo del vacío, y en tanto estemos vacíos, él puede hacer algo con nosotros.

Dios me llama a abrazar mi vaciedad.

Él nos guía a todos ahí

La sabiduría de la gestión de tiempo dice que debemos enfocarnos en lo importante y desechar lo que no es importante. Eso es fácil cuando tienes un “hijo” pero ¿qué tal cuando tienes nueve? No siento que Dios me esté liberando de ninguno de mis “dependientes” (¡a pesar de que sigo pidiéndoselo!).

Dios nos pide más, nos dirige a una vida que va más allá de nuestros recursos naturales. Hay algo que le gusta sobre los pobres y pareciera que le atraen los necesitados. Porque clamamos a él. El no solo nos llama a ser pobres de espíritu, sino que nos guía a ese mismo lugar.:

  • El dirigió a Moisés y los israelitas a la “trampa” del Mar Rojo, donde solo Dios podía salvarlos.
  • El llamó a Gedeón a reducir su ejército de decenas de miles a trescientos.
  • El envió al joven David, y no al fornido Saúl, a pelear con el enorme Goliat.

¿Por qué es que Dios constantemente nos lleva a lugares de debilidad? Porque necesita nuestra pobreza más que nuestras riquezas; desea nuestra necesidad más que nuestra utilidad.

Es justo ahí que Dios me está llevando. Es el completo opuesto de autoestima y de ser naturalmente dotado; está transformando mi espíritu de orgullo (¡Puedo hacerlo!) en un espíritu de vaciedad (¡AYUDA!)

Dios es amigo de aquel que reconoce su pobreza.

Necesitamos esa amistad

Muchos libros sobre sabiduría espiritual nos enseñan exactamente cómo prosperar: Siete pasos esenciales para criar hijos devotos, o el Manual para la Predicación Exitosa. Sin embargo, el cristianismo nos enseña que nuestra necesidad más grande es la amistad con Dios. Oswald Chambers lo dice de la siguiente manera

El no puede lograr nada con una persona que se cree útil para Dios. El aspecto más importante del cristianismo no es la labor que hacemos, sino la relación (con Él) que mantenemos y las cualidades externas producidas por esa relación.

Eso es todo lo que Dios pide, y es la cosa que está continuamente bajo ataque.

En medio de mi “mucho que hacer y poco tiempo para hacerlo” Dios me está llamando a regresar a mi amistad con él. No son los dones, sino mi pobreza lo que yo ofrezco.

Lo único que realmente necesitamos es la necesidad.

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Sam Williamson ha publicado numerosos artículos y ha escrito dos libros. Tiene un blog www.beliefsoftheheart.com © Copyright 2017, Beliefs of the Heart, Ltd. Todos los derechos reservados. Usado con permiso.