Autor: Phil Morrison, de los Siervos de la Palabra, una hermandad ecuménica internacional de hombres que viven solteros para el Señor.
Juan escribe en su primera carta que: “Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.” (1 Juan 4:20)
Jesús resumió la ley en dos grandes mandamientos. El primero es “amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es “amar a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos son inseparables. Esto se resalta en el versículo de hoy. No podemos decidir amar a Dios, el que entregó todo por nosotros cuando estábamos lejos de él, y luego ser selectivos sobre a quiénes elegimos amar.
Amar a Dios presupone que amemos a los demás. Cristo nos amó, aun cuando éramos sus enemigos. Del mismo modo, cuando seguimos a Dios con nuestra vida, cuando buscamos entregarle nuestra vida a él, debemos también amar a aquellos que Dios nos da: familia, amigos, vecinos, compañeros e incluso nuestros enemigos.
Hazte esta pregunta: ¿Cómo puedo demostrarle mi amor a un hermano o hermana hoy?
Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc.®. Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.







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