– por Chris Larson, discurso en el 45º aniversario de los Siervos de la Palabra en Chelsea, MI, EEUU. Chris, su esposa y sus tres hijos viven en Cleveland, OH, EEUU.

Estoy aquí de pie como un representante del fracaso continuo y prolífico de los Siervos de la Palabra como organización. Yo, como muchos otros aquí reunidos, fui por un tiempo un “afiliado”, un novicio, entiéndase como alguien que estuvo en la órbita de los Siervos por un tiempo. Viví con ellos, consideré su vida pero al final tomé una decisión distinta para mi vida.

Escúchenme con atención mientras resalto la ineficiencia de esta hermandad para atraer y retener hombres. Todo mis números son estimaciones pero son para establecer mi argumento. Sólo en Norteamérica unos 200 hombres fueron afiliados, como yo, y ya no lo son. En promedio, uno de cada siete de ellos hace su compromiso de por vida – eso nos da una tasa de conversión del 15%. En cuatro años de formación, ellos invierten unas 1800 horas de formación, que les cuesta unos $23.000 por hermano cada año. Entonces en los últimos 45 años el costo de la formación ha sido de unos $5.2 millones y con la tasa de arrepentimiento del 85% eso significa que ustedes desperdiciaron $4.4 millones irrecuperables. Desde cualquier métrica de capital humano del mundo, ustedes son un desastre, un fracaso espectacularmente despilfarrador.

Sin embargo, antes de que piensen que estoy aquí para hablar mal de mis hemanos, las métricas del creador del universo son distintas. El mide el éxito de un modo diferente a como lo mide el mundo. Citando a otra famosa santa ineficiente, Teresa de Calcuta: “No estamos llamados a ser exitosos, sino a ser fieles”.

Tuve el gran privilegio de vivir, en el transcurso de los años, con hermanos en Belfast, Londres, East Lansing y Ann Arbor: hermanos como Dan Keating, Andy Pettman y otros me formaron, se hicieron mis amigos de toda la vida, y por medio de ellos incluso conocía mi esposa (esa es una historia para otro día). Cada casa en la que viví era un foco de la juventud: los siervos estaban en el centro de actividades, enraizados en la oración, la vida en común y la fidelidad al llamado. Como miles de electrones flotando alrededor de un núcleo, estos jóvenes hallaban comunidad, gozo y consuelo de un mundo loco y confuso simplemente por los actos de amor, humildad y muerte a sí mismos de los siervos.

Es precisamente su bendita ineficiencia, su generosidad despilfarradora, su desprendimiento ilimitado, su servicio derrochador a otros sin esperar nada a cambio, l lo que ha impactado no solo a cientos de hombres, sino miles de vidas. La gente que ustedes han impactado ahora buscan vivir esa misma fidelidad y obediencia que de las que ustedes son modelos, en sus familias, sus trabajos, sus iglesias y sus comunidades alrededor del mundo. El patrón que ustedes tienen para seguir al Señor nos ha inspirado a muchos de nosotros a hacer lo mismo, en nuestra propia vocación.

Denle gracias al Señor por su despilfarro, agradezcan por su ineficiencia. De parte de todos nuestros corazones, gracias por todo lo que son y lo que hacen. ¡Los amamos y damos gracias a Dios por ustedes!


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Adaptado de Baluarte Viviente, Diciembre/Enero 2016, usado con permiso. © Los Siervos de la Palabra