Cuando yo tenía ocho años, vivíamos en un pueblo rural en Francia. La escuela pública a la que íbamos todavía tenía clase de religión (católica), y recuerdo claramente en la primera clase que anunciaron que algunos de nosotros (incluido yo) iríamos a la sala de cómputo en este tiempo. En algunos casos era porque los padres no querían que sus hijos tomaran esa clase. En mi caso era porque yo era ‘un protestant’. Yo no sabía lo que eso significaba, ni entendía aún el francés, pero me horrorizaba que me diferenciaran y me trataran diferente. Ese día llegué a casa molesto y le dije a mi mamá “¡Descubrieron que me gusta protestar!”

Para aquellos de nosotros que somos parte de la denominación minoritaria en nuestros ambientes ecuménicos, puede existir la tentación de sentirnos como ‘el otro’ en cierto modo. Para mi, aunque no ha sido usualmente algo como la historia de arriba, hay una forma mas sutil en que experimento esto. A menudo estoy muy alerta de como los demás están haciendo acomodos ecuménicos para nosotros (aun cuando lo hacen de buena gana), y me siento como una molestia, un inconveniente; que todo sería más fácil si yo no estuviera aquí. Tengo que resistir esto. El ecumenismo es tan importante para mi porque en nuestros ambientes (cuando funcionan bien) nuestras distintas tradiciones no son solo toleradas y acomodadas, sino valoradas y atesoradas. Mis hermanos de otras tradiciones son justamente eso: hermanos. Con base en eso, y con base en nuestro llamado de alianza, nuestra vida comunitaria no está completa sin el otro.

Me gozo al decir que esta es mi experiencia de vida – por spuesto que hay sus pasos en falso y momentos desafortunados de desconsideración, pero la experiencia predominante es que esta hermandad es la base primaria de nuestra vida juntos. Y cualquier adaptación o arreglos que se hagan para apoyar este modo de vida se hacen gustosamente, brotan de un amor fraterno profundo e inspirado por el Espíritu. Esto me permite abrazar esta vida – con todo su desorden – en libertad y sin reservas.

¡Estoy tan agradecido por este regalo único y precioso! Que el Señor mantenga nuestra convicción por este modo de vida y nos bendiga al vivir juntos para Él.


 John es un hombre de familia, parte de la comunidad Palabra de Vida en Michigan.

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