Jesús nos llama a amar a Dios y al prójimo. En mi caminar como cristiana siempre me ha parecido fácil amar a los que son como yo, ya sea en personalidad o en las cosas que tenemos en común. Me parece más difícil amar a los que son diferentes a mi.

El ecumenismo me presenta una oportunidad de conocer personas que no hubiera conocido de otro modo. Me ha dado la oportunidad de crecer en amor y compresión por otros cristianos. Me ha enseñado misericordia, amor y perdón de nuevas maneras, y me ha llevado de vuelta al Señor, a confiar en su conocimiento.

La recompensa ha sido un conjunto de relaciones cercanas de toda la vida con gente de todo el mundo y un conocimiento más profundo del Señor por medio de ellas. Otro aspecto inesperado del ecumenismo que experimentado es la fortaleza de nuestra unidad, particularmente al evangelizar. El amor, comprensión y confianza entre hermanos de distintas denominaciones atrae a la gente y les permite sentirse aceptados y les ayuda a dar pasos en su fe.

Yo vengo de una familia católica, y cuando estaba en la universidad no entendía e incluso tenía ideas erróneas sobre otros cristianos. Viviendo en una casa de hermanas de Kononía (la misión universitaria en Londres) con otras mujeres cristianas fue un punto de giro en mi camino ecuménico. Teníamos nuestras buenas discusiones pero también mucho tiempo para dialogar y para orar. Estableció las bases para relaciones muy fuertes que se enfocan en lo que nos une y no en lo que nos divide.

Una de las cosas que aprendí en ese entonces y que todavía uso hoy es “el diálogo y la comunicación en amor”. He aprendido a evitar las suposiciones, en cambio a comunicarme aún cuando son cosas difíciles. Mi experiencia es que parece haber gracia y amor para esas conversaciones, posiblemente porque al estar unidos tenemos más poder en el Reino de Dios.


Karen Jordan creció en una de nuestras comunidades en Mumbai, India, pero luego hizo sus estudios en Londres donde conoció a su esposo Tommy. Ahora viven junto con sus hijos como parte de la comunidad de Cristo Resucitado en Glasgow, Escocia.

< Regresar al artículo principal

Ir al día 6 >