Juan 15: 1-3 “1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.”

En el pasaje de hoy, Jesús presenta una metáfora extendida: “la vid y las ramas” en que él es la vid que produce fruto por medio de las ramas, que son los discípulos, y el labrador es el Padre.   Así como el labrador poda las ramas, cortando las que están muertas y podando a las que dan fruto, le da más espacio a las que dan fruto para que den más fruto; así nuestro Padre en el cielo nos disciplina para que demos más fruto.  

Parte del fruto de la Espada del Espíritu es la unidad en comunidad bien vivida, pero para que ese fruto madure, la rama debe ser podada. Yo vivo en Londres y soy parte de la Comunidad Antioquía. Tenemos miembros católicos, ortodoxos y protestantes. A veces cada uno de nosotros comete errores que molestan a otros de nosotros y llegamos a escuchar: “esa fue una forma muy protestante de lidiar con ese asunto”, o “esas oraciones fueron hechas muy al estilo católico”, o “la riqueza de mi fe no se expresa plenamente aquí”. La realidad es que para todos nosotros, pertenecer a una comunidad ecuménica implica trabajar fuertemente por lo que tenemos en común (lo que todos creemos), y no dejar que nuestras diferencias, que son reales e importantes, nos separen. Y cuando alguien se molesta por algún accidente, nos perdonamos unos a otros y seguimos adelante.

El perdón está en el corazón de la comunidad, y particularmente en el corazón de la comunidad ecuménica. Si vamos a construir unidad, en una comunidad de una sola denominación o en una comunidad ecuménica, debemos estar vigilantes de no dar espacio para querellas o pequeñas ofensas que puedan convertirse en una creciente amargura en nosotros. Ellas son, en las palabras de un autor cristiano, como zorras pequeñas que corren a nuestro alrededor mordisqueándonos, y, si las dejamos, se van a comer la unidad que Dios tiene para nosotros.

ORACIÓN: Padre celestial, Señor Dios, te damos gracias porque nos podas y nos disciplinas para que podamos satisfacer mejor tus propósitos. Oramos, Señor para que podamos perdonar y ser generosos en el modo en que nos relacionamos con los demás, y perdonemos todas las ofensas que cometamos contra otro, particularmente donde eso destruya la unidad a la que nos has llamado.


Hoy tenemos 2 testimonios, uno de Karen Jordan (Católica) de la India y Escocia y otro de Michi Schöberl (Católico) de Alemania.

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