Juan 15: 5 “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.

La metáfora de la vid y las ramas nos dice que debemos permanecer conectados al Señor (permanecer en Él) para poder dar fruto. ¿Por qué no nos mantendríamos conectados? Lo cierto es que Satanás está intentando distraernos constantemente, alejándonos de nuestra conexión con Cristo que nos permitirá dar fruto. Si Dios ha hecho la Espada del Espíritu para ser ecuménica, y ahí dar fruto, Satanás va a hacer todo lo posible para dificultar eso.

En mis viajes alrededor del mundo he visitado varias de nuestras comunidades y he escuchado a la gente comentar lo difícil que es intentar ser ecuménicos. Por supuesto, muchas de nuestras comunidades están constituidas como comunidades de una sola denominación, y en ese contexto, ser una comunidad ecuménica significa algo diferente de lo que significaría para otras comunidades. Pero ya que Cristo hizo tanto énfasis en la unidad de los cristianos, no deberíamos relajar nuestra determinación por hacer nuestra parte, perseverar en la edificación de relaciones con aquellos que están en Cristo, pero que son diferentes a nosotros y, donde podamos, recibirlos en medio nuestro.

Cuando yo estaba estudiando en la universidad, me uní a una casa de verano auspiciada por la comunidad Antioquía en Londres. Creo que éramos unos diez de nosotros y había católicos, protestantes y ortodoxos. Una noche, simplemente estábamos tocando algunas de las canciones que habíamos aprendido. Empezamos a cantar una canción que utiliza las palabras del Salmo 133. Dice “Como es maravilloso estar con los hermanos. Es como ungüento que baja por la barba de Aarón, es como…” y el salmista continúa dando una serie de imágenes que ilustran la belleza de estar unidos. La cantamos una vez – es muy corta – y luego la repetimos, y al hacerlo pasó algo que nunca más he visto que suceda: ¡empezamos a cantar espontáneamente una armonía a cuatro voces! Era totalmente hermoso, y totalmente del Espíritu Santo, pues ninguno de nosotros podría haber cantado así naturalmente. Ese día el Señor nos convenció de su deseo de que estuviéramos unidos en medio de nuestras iglesias, y como eso es agradable a sus ojos.  

ORACIÓN: Señor, danos tu gracia en la Espada del Espíritu al intentar vivir este regalo especial que nos has dado de ser ecuménicos. Permítenos ser perseverantes cuando nos sea difícil y cuando no sepamos en qué dirección avanzar. Señor, te pedimos que cada uno de nosotros sepa el rol que debe hacer para construir tu reino por medio de la unidad.


El testimonio de hoy es por Andrew Lee (Católico) de Singapur.

< Regresar al artículo principal

Ir al día 8 >