Tal vez otro misterio está en acción cuando el martirio y la persecución se juntan, tal y como muchos cristianos lo están experimentando en el mundo de hoy: esto conduce a una unidad más profunda entre aquellos que sufren.
No tenía otra opción que volverme al Señor. Estos tiempos de dificultad me han enseñado a crecer en humildad, a entregar mi vida y confianza en la gracia de Dios: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”.
Aproximadamente un centenar de cristianos católicos y evangélicos se dieron cita el sábado 15 de junio a fin de celebrar Pentecostés 2019 “Juntos otra vez”.
Mi nombre es Franciny Jiménez. Soy católica muy devota. En julio pasado me casé con un hombre que no es católico, su nombre es Uriah Wilson. El es bautista.
Me viene a la mente lo que dice el Salmo 133 también: «¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! …ahí el Señor concede bendición…»
El enfoque que estamos tomando este año para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos puede despertar una fuerte objeción. ¿No deberíamos lamentar nuestra desunión en lugar de celebrarla?
¿Cómo podemos apreciar mejor las riquezas de la gracia que se encuentran en otras tradiciones cristianas, y cómo podemos (y cómo logramos) aprovechar esas riquezas en nuestras comunidades de la Espada del Espíritu?